Psicoeducación y salud: Hacia una definición integral para la mejora de la calidad de vida

El término ‘psicoeducación’ se encuentra cada vez más presente tanto en el lenguaje científico como en el coloquial, lo que ha provocado que, en ocasiones, surjan dudas con respecto a qué es psicoeducación y qué no e incluso en su categorización como intervención propiamente dicha o como herramienta complementaria a otro tipo de enfoques psicológicos.

¿Qué es la psicoeducación?

El término ‘psicoeducación’ fue definido por Goldman (1988) como una educación o entrenamiento que se enfoca en objetivos terapéuticos para el tratamiento y rehabilitación. El autor añade, además, que la psicoeducación se caracteriza por centrarse en el componente cognitivo en lugar del afectivo, si bien busca una regulación conductual.

Con respecto a esta última idea, también es importante resaltar que la psicoeducación no se encuadraría en el paradigma de modificación de conducta ni en las técnicas exposición, sino que tiene un componente mayormente discursivo que parte de una figura profesionalizada (Lukens y McFarlane, 2004).

Por lo tanto, la psicoeducación se trata de un complemento para reforzar el cambio comportamental. Un ejemplo de ello sería cuando en los programas para dejar de fumar, aparte de programarse la reducción de la ingesta de nicotina y acordar la fecha para dejar de fumar, se da información a los usuarios sobre los beneficios de dejar de fumar, estrategias para superar el ‘mono’ o consejos para evitar el aumento de peso. La información puede darse en formato oral, por medio de panfletos o incluso a través de píldoras formativas.

Además, como se apuntaba anteriormente, es importante tener en cuenta que la psicoeduación ha de proceder de personas profesionalizadas. Los grupos de autoayuda que no disponen de un moderador con cualificación y los consejos informales de otras personas no son psicoeducación (Goldman, 1988).

Los modelos psicoeducativos

La psicoeducación tiene un objetivo claro y para ello puede administrarse de distintas formas. Concretamente, hay 4 modelos psicoeducativos y su elección dependerá del tipo de abordaje que se planee y del tipo de demanda terapéutica (Srivastava y Panday, 2016):  

  • Modelo informativo: Tiene por objetivo ampliar nociones sobre el trastorno o condición que se está tratando. Por ejemplo, cuando a una persona se le diagnostica el debut diabético y se le explica en qué consiste la Diabetes Mellitus, cuáles son sus síntomas y posibles complicaciones.
  • Modelo de entrenamiento en habilidades: Consiste en propiciar conductas dirigidas al manejo de síntomas o a la mejor adaptación del paciente a su contexto. Por ejemplo, cuando a una persona con ansiedad se le enseña a realizar ejercicios de respiración para reducir la actividad fisiológica.
  • Modelo de apoyo: Suele llevarse a cabo en formato grupal con pacientes y/o sus familiares, de tal modo que un profesional de la salud guía un grupo de autoayuda en el que se comparten emociones vinculadas a la carga por enfermedad. Finalmente, se extraen ideas comunes para el promover el automanejo. Por ejemplo, cuando en las comunidades terapéuticas se destina un día semanal para que los familiares de los usuarios se reúnan y compartan sus experiencias con respecto al proceso de rehabilitación y la carga emocional que conlleva cumplir con el rol de ‘seguimiento’ .
  • Modelo comprensivo: Combina los tres modelos anteriores, pudiendo llevares a cabo de forma integral o secuencial. Suele ser común en tratamientos complejos como el oncológico, que requiere de un adecuado acercamiento a la enfermedad y sus cuidados, pero, además, a la aceptación y manejo socio-afectivo.

Eficacia de la psicoeducación en salud mental

Considerando la información previa, es posible comprobar que la psicoeducación se caracteriza por ser bastante flexible tanto por sus técnicas como por su aplicabilidad a distintos trastornos y condiciones; sin embargo, esa flexibilidad puede ser considerada igualmente como una debilidad, en la medida que es la responsable de la falta de consenso en cuanto a su definición y uso (Lukens et al., 2004).

Pese a esto, diversas investigaciones han mostrado que las estrategias psicoeducativas funcionan bien en términos de coste-efectividad al ser fáciles de implementar, representar bajo coste con respecto a otras técnicas y, además, mostrar buenos resultados como herramienta complementaria a otras intervenciones (Donker et al., 2009).

La psicoeducación tiene la potencialidad de promover y establecer conductas en salud, así  como estrategias para el automanejo de síntomas, al propiciar un conocimiento profundo de trastornos, enfermedades y condiciones que sin un óptimo abordaje pueden empeorar potencialmente la calidad de vida de las personas.

La app e-pD-WORK toma todo esto en cuenta y con el fin de mejorar la salud de las personas, implementa los más modernos enfoques psicoeducativos gracias al uso de las nuevas tecnologías. No en vano, ¡la información es salud!

REFERENCIAS

Donker, T., Griffiths, K. M., Cuijpers, P., & Christensen, H. (2009). Psychoeducation for depression, anxiety and psychological distress: a meta-analysis. BMC medicine7(1), 1-9.

Goldman, C. R. (1988). Toward a definition of psychoeducation. Psychiatric Services39(6), 666-668.

Lukens, E. P., & McFarlane, W. R. (2004). Psychoeducation as Evidence-Based Practice: Considerations for Practice, Research, and Policy. Brief Treatment & Crisis Intervention4(3).

Srivastava, P., & Panday, R. (2016). Psychoeducation an effective tool as treatment modality in mental health. The International Journal of Indian Psychology4(1), 123-130.



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